
Es dueña de una sonrisa plena. De un aura que inspira paz. De un caminar pausado, pero firme. De una pluma que ha descrito el panorama político, económico y social del país.
Se llama Pilar Moreno, una profesional que, mientras lavaba, planchaba, fregaba y limpiaba por paga, soñaba con ser periodista.
Con atrevimiento y astucia acabó con los planes que la pobreza tenía para ella en su natal Monte Plata. “Vine a la capital para nunca más volver a vivir en mi pueblo”. A sus dotes de “sabichosa” le atribuye dar ese paso del que a la fecha, no se arrepiente.
“Sucede que un día fue de visita a mi casa, una tía, hermana de mi padre, que vivía en la capital. Sentada en la sala, se me ocurrió decirle que quería pasarme una semana de vacaciones en su casa, a lo que ella accedió gustosa. Cuando me monté en ese carro sabía que no volvería a vivir jamás en Monte Plata. Estaba convencida de que sólo estudiando era posible salir de esos altos niveles de pobreza”. Misión cumplida.
Si bien estaba clara en lo que quería, también hay que decir que no tenía la más mínima idea de que para lograr sus sueños, debía pasar por tantas pruebas. El primer tropiezo fue que no podía quedarse a vivir donde su tía porque ésta residía en Puerto Rico.
“Es decir, debía volver para mi casa después de pasarme esa semana de vacaciones, pero no estaba dispuesta a hacerlo. Tomé la decisión de vivir debajo del puente, si era necesario, pero con la firme decisión de no dar marcha atrás, porque estudiaría en la universidad”. Le sobraba la determinación y la valentía para cumplir esa meta.
Por suerte, su abuela, la madre de su padre, vivía en la capital, pero también con carencias. Lo cierto es que: “Ante esa disyuntiva decidió que yo fuera a vivir a su casa. Estaba convencida de que las muchachas de los pueblos aprenden desde muy corta edad a realizar labores del hogar”.
Es decir, que, para poder sostener sus estudios, tuvo que lavar, planchar en casa de familia o trabajar en ellas con dormida, y limpiar oficinas. Pero pudo en 1978, entrar a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Los estudios de sus hermanas por encima de los suyos

Esta mujer que para poder llegar a la universidad sólo llevaba los 10 centavos de ir y los 10 de regresar en la guagua, estaba enfocada en lograr convertirse en una profesional del Periodismo.
Trataba de prepararse hasta que pudo dejar los oficios para convertirse en una maestra de colegios privados. No ganaba la gran cosa, pero ya iba más suave.
“Ese dinerito había que cuidarlo, porque debía ayudar a los que quedaron en Monte Plata a superar la pobreza. Tenía que sacar a mi familia de esa miseria espantosa”. Fue cumpliendo sus sueños paso a paso. Primero se trajo a las dos hermanas que le siguen. Ella es la mayor de 11 hermanos.
“Me las traje a vivir conmigo en una habitación que alquilamos. Nunca permití que perdieran un semestre por falta de dinero. Cuando no había para las tres, perdía yo el semestre, no me inscribía”. Eso la regocija. No perdió su tiempo.
Su hermana Martína, año y medio menor que ella, estudió Agronomía. Hoy está pensionada del Banco Agrícola. Su hermana Cleotilde, estudió Contabilidad y está pensionada de la Cooperativa de Maestros.
Al ver esas tres mujeres solas lejos de su pueblo, su padre, Ascensión, que en el año 1977 veía muy lejos que sus hijos llegaran a la universidad, vendió su casita en Monte Plata, que era lo único que tenían, y se radicó en la capital con toda la familia.
“Fue una maravillosa idea de mi padre”. Lo deja saber con alegría esta colega que lo pensó mucho antes de contar su historia.
Desafortunadamente, uno de sus hermanos murió a los 14 años. Entre los 10 restantes, hay médico, bioanalista, farmacéutico, dos contadores, ingeniero civil, ingenieros en sistemas, periodista, agrónomo y “un sabelotodo”.
“Gracias a nuestra preparación académica y a esa gran unidad familiar que nos caracteriza, pudimos brincar el charco”.
Hoy día, esta mujer y madre ejemplar, tiene 40 años de ejercicio, y toda una vida de agradecimiento y orgullo por su tenacidad.
No era de sacar buenas calificaciones, pero en el Periodismo ha logrado altas notas

“Llegué a los medios gracias a mi condición de mujer batalladora. En la universidad veía que muchos de mis compañeros iban a practicar a los medios de comunicación, pero yo no tenía las relaciones para llegar a ellos, que eran mucho más cerrados que ahora”. Eso no detuvo a Pilar Moreno.
Se dijo: “Voy a entrar y entré”. Una prima suya estaba casada con un ingeniero que era amigo de Ramón Morrison, hermano del periodista Heriberto Morrison, editor deportivo del periódico El Nuevo Diario, para entonces.
“Hice ese contacto y comencé a practicar. A los cinco meses de estar ahí, me nombraron con un salario de RD$125 pesos, para cubrir los sindicatos y el sector educativo”.
Tanto llenó las expectativas que, a la semana le aumentaron a RD$300 pesos, y le asignaron la fuente del Congreso Nacional.
Ahí arrancó formalmente su carrera como periodista, en el año 1984. Desde esa fecha, nunca ha pasado una semana sin empleo.
“En El Nuevo Diario trabajé tres años. Luego pesé al periódico Hoy, donde laboré por 10 años consecutivos. Después entré al Listín Diario donde permanecí por 12 años. De ahí entro a El Nacional, donde en junio de este año cumpliré 17 años ininterrumpidos de labor”.
Cada paso dado en estas cuatro décadas sin rendirse, los agradece a esos ángeles en el camino a los que Dios les encomendó la misión de apoyarla.
“He tenido muchos padrinos en esta larga y amada carrera, pero al fenecido Joaquín Ascención, Heriberto Morrison y Ramón Colombo no puedo dejar de mencionarlos”. Es agradecida.
Esta mujer que no se deja vencer, siempre enfiló sus cañones hacia la superación. Tener calificaciones altas en la universidad, no era su meta.
“Tuve compañeros de estudios destacados en las aulas, con muy buenas notas, que se graduaron con honores, pero que nunca se atrevieron a ejercer la carrera o en poco tiempo decidieron abandonarla. Yo, a pesar de que nunca obtuve notas excelentes, entré a la profesión y me he mantenido en el ejercicio por más de 40 años”. Admite que ejercer el periodismo no es fácil, menos en aquella época siendo mujer y madre soltera.
Una madre abnegada

Hija de Ascensión y Marcela, en su dilatada carrera ha laborado en diferentes medios y empresas públicas y privadas. Fuente externa
Después de trillar un camino con piedras y obstáculo para superarse, Pilar Moreno logró sus sueños. A partir de ahí, ya convertida en madre, trabjó para ayudar a sus dos hijas a lograr los suyos.
“Me enfoqué en hacer de Claudia y de Brenda dos mujeres de bien. Se convirtieron en mi prioridad”. Esto significaba un trabajar duro para que no pasaran trabajo. Gracias a Dios, así fue. Nunca les faltó un zapato, ni la comida, ni la vivienda, ni el pago del colegio, ni el pago de la universidad. Nunca faltó un paseo. Fueron tiempos difíciles, pero vencimos”. En esa etapa tampoco tiró la toalla.
Ellas siempre la impulsaron a levantarse en las mañanas, a ser su propio psicólogo y psiquiatra porque había que caer y levantarse si o sí.
“Porque estaba criando a dos criaturas que sólo me tenían a mí para crecer con mentes y cuerpos sanos. Desde que las parí sabía que eran mi responsabilidad y de nadie más, y lo asumí con mucho orgullo y decisión”.
Con añoranza recuerda el día que hicieron una reunión para pedirle que ya no las bañara más. “Mami deja de bañarnos, que ya nosotras sabemos”.
Hoy, las mismas que le han dado el placer de ser abuela de Sebastián, de Valery y de Sarah, son su mayor orgullo. No la han defraudado.
Ambas han seguido sus pasos como mujeres de bien, de valores y principios, y sobre todo, como seres humanos que lo sacrifican todo por la superación. Con ello le dejan saber a Pilar, que en vida, están viviendo de su legado.

Moreno recibió un certificado de reconocimiento de la UASD por ser ‘Egresada Destacada’Fuente externa
No es para menos. Estas enseñanzas se han multiplicado de generación en generación. “Recuerdo que, cuando éramos pequeños, mi mamá siempre fue una madre entregada. No olvido que a las 9:00 de la noche, cuando se iba a acostar, iba cama por cama a ver quién faltaba, quién estaba todavía en la calle”. Pilar le decía que nunca tendría tantos hijos así porque se volvería loca. Por eso sólo tuvo dos que la han ayuda a nunca rendirse.
Además de laborar en El Nacional, desde el año 2020 trabaja en el Banco Agrícola de República Dominicana, y asesora en el área de la Comunicación a la Universidad Federico Henríque y Carvajal (UFHEC. Fue editora del boletín informativo de la Facultad de Economía de la UASD, directora de Comunicaciones de la Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA) y de la oficina de prensa del sector educación de Naciones Unidas.
Ha laborado en las oficinas de prensa de la Cámara de Diputados, Autoridad Portuaria, el Ayuntamiento del Distrito Nacional, entre otras entidades públicas y privadas.
Es miembro del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), el Sindicato de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y la Asociación Dominicana de Prensa Turística (Adompretur), entre otras cosas.
Recibió un certificado de reconocimiento de la UASD por ser ‘Egresada Destacada’. También fue reconocida con una medalla del CDP.