Por Carlos Mejía
Para los periodistas incorporados al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, contar con medidas de seguridad no significa que el peligro haya desaparecido. Por el contrario, quienes continúan realizando coberturas relacionadas con seguridad pública, migración, corrupción y otros temas de alto impacto aseguran que el riesgo permanece latente y que, en muchos casos, la autocensura se ha convertido en una forma de autoprotección.
En Chiapas, 19 periodistas forman parte del Mecanismo de Protección. Dos de ellos, entrevistados para este reportaje bajo condición de anonimato por temor a posibles represalias, coincidieron en que las acciones implementadas representan un respaldo institucional, pero son insuficientes para garantizar el libre ejercicio del periodismo.
Uno de los comunicadores explicó que el mecanismo “ayuda ligeramente”, principalmente porque existe una presencia periódica de patrullas policiacas en su domicilio o en los recorridos de vigilancia asignados. Sin embargo, considera que esa vigilancia no elimina el riesgo que enfrenta durante su trabajo diario.
“Las amenazas pueden surgir nuevamente por la misma cobertura que realizamos sobre seguridad pública, migración o corrupción política. El peligro sigue existiendo porque nuestra labor nos obliga a estar en la calle y en contacto con situaciones delicadas”, señaló.
Entre las medidas que recibe se encuentran patrullajes preventivos por parte de corporaciones policiacas. No obstante, considera que estos rondines tienen un alcance limitado.
“Muchas veces los oficiales desconocen las causas específicas de cada caso y únicamente realizan recorridos de vigilancia. Eso genera una sensación de acompañamiento, pero no necesariamente una protección efectiva”, comentó.
Aunque desde su incorporación al mecanismo de protección no ha presentado nuevas denuncias por amenazas directas, reconoce que el hostigamiento continúa en otros espacios, principalmente en redes sociales.
“Existe un constante acoso digital que busca desacreditar nuestro trabajo y vulnera la libertad de expresión. Las agresiones ya no siempre llegan de forma física; ahora también ocurren desde plataformas digitales”, explicó.
El periodista aseguró que las medidas de protección no condicionan las decisiones editoriales de los medios donde colabora. Sin embargo, admitió que el temor sí influye en la manera de ejercer la profesión.
“No es el mecanismo el que limita nuestro trabajo; es la autocensura. Uno termina regulando hasta dónde investigar o qué temas abordar para evitar poner en riesgo su integridad o la de su familia”, expresó.

Un segundo periodista protegido por el mismo mecanismo comparte una percepción similar. Afirmó que, pese a contar con medidas de vigilancia domiciliaria y visitas periódicas de elementos policiacos para verificar su seguridad, el nivel de riesgo no ha disminuido.
“La labor periodística en la calle nos mantiene vulnerables constantemente. Salir a buscar una historia implica exponerse todos los días”, sostuvo.
El comunicador indicó que, afortunadamente, no ha tenido que denunciar nuevas amenazas desde que recibió las medidas de protección. Sin embargo, considera que eso no significa que exista plena libertad para ejercer el periodismo.
“Las medidas ayudan, pero no permiten trabajar con absoluta tranquilidad. Sigue existiendo el temor de cubrir determinados temas o ingresar a ciertas zonas porque sabemos que podemos afectar intereses y enfrentar represalias”, manifestó.
Desde su experiencia, considera que uno de los principales retos del Mecanismo de Protección es fortalecer la capacidad de respuesta institucional.
“Sería importante reducir los tiempos de atención y mejorar la coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales para que las medidas realmente sean oportunas cuando ocurre una situación de riesgo”, recomendó.
Ambos periodistas coinciden en que el Mecanismo de Protección representa un respaldo necesario para quienes enfrentan amenazas derivadas de su trabajo. Sin embargo, sostienen que la verdadera seguridad no dependerá únicamente de patrullajes o vigilancia preventiva, sino de que existan investigaciones efectivas, sanciones contra quienes agreden a la prensa y condiciones que permitan informar sin miedo.
Mientras esas garantías no se consoliden, afirman, la protección seguirá siendo parcial y el ejercicio periodístico continuará marcado por la incertidumbre y la autocensura.