Por Balbina Flores
Era el 22 de julio, alrededor del mediodía, cuando recibí un mensaje en mi WhatsApp: «Alejandro Leyva asesinado, un crimen que sacude al periodismo en Oaxaca». Le siguieron otros mensajes. Ese nombre me sonaba. Busqué en mis contactos y encontré su número. Lo tenía guardado comoFrancisco, su primer nombre antes de Alejandro. Se había puesto en contacto conmigo en 2025 por un procedimiento administrativo en su contra. «Para ellos, soy un estorbo», me había confiado entonces. Luego siguió enviándome sus columnas, hasta unos meses antes de su asesinato.
Sentí un vacío en el estómago. El que acababa de ser asesinado eraFrancisco Alejandro Leyva, periodistay autor de la columna El Zumbido del Moscardón. Volví a leer sus últimas publicaciones: videos sin rodeos, críticas mordaces y, al igual que en los casos de Alex en Guerrero y de Josué en Puebla, las huellas de su trabajo periodístico y de los intereses a los que había podido molestar.
La violencia contra la prensa me afecta muy de cerca. Cuando las historias se repiten y los rostros vuelven una y otra vez, también queda el vacío de lo que ya no publicarán. ¿Hasta cuándo tendremos que seguir contando a los periodistas asesinadossin que el Estado reaccione? Siete periodistas fueron asesinados en México durante los primeros siete meses de 2026. Una pregunta surge una y otra vez: ¿quién mata a los periodistas en México y por qué?
No hay una respuesta sencilla. Le corresponde a la justicia determinar quién ordenó y ejecutó cada crimen.
Pero la justicia no debe hacer la vista gorda ante una realidad: eran periodistas.Contaban la historia de México desde su lugar. El vínculo entre estos asesinatos y su papel social como periodistas es una pista que las autoridades deben examinar con prioridad, antes de que se instale la impunidad y los crímenes caigan en el olvido.
Están los casos de Alex Serna —desaparecido el 20 de junio en Guerrero y hallado asesinado el 3 de julio— y de Josué Martínez, director de Noticias San Martín, en Puebla. Sus publicaciones reflejan los temas que cubrían, los conflictos, los actores a quienes pudieron haber molestado y las amenazas que recibieron.
Y luego está Veracruz.Este estado concentra el mayor número de periodistas asesinados. Tres de los siete asesinatos registrados en México este año ocurrieron allí. En Poza Rica, Luis Ángel López Valdez y Carlos Castro fueron asesinados. Ambos eran conocidos por los mecanismos públicos de protección. Las medidas tomadas no fueron suficientes. Hoy, casi nadie habla ya de sus casos. Y mucho menos de las investigaciones.
Cuando pensaba que ya lo había visto todo, el caso de Roxana Berenice Guzmán, en Nanchital, me conmovió profundamente. Una mujer, una madre, una periodista. La mañana del 2 de junio, la sacaron a la fuerza de su casa. Su secuestro fue filmado en vivo. Roxana nunca regresó. Su cuerpo fue encontrado casi un mes después. Durante su funeral, su madre declaró: «Estoy agradecida de tener el cuerpo de mi hija, porque sé dónde llorarla y dónde llevarle flores». Esta frase resume otra dimensión de esta violencia: el dolor de las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos. En México, también hay 28 periodistas desaparecidos.
Desde hace más de 20 años que trabajo para RSF en México, veo cómo se repite esta misma secuencia como una pesadilla. En junio de 2021, hasta la víspera del asesinato de Gustavo Sánchez Cabrera, en Oaxaca, insistí ante elMecanismo Federal de Protección para que se aplicaran con carácter de urgencia las medidas que ya se le habían otorgado. Nunca se aplicaron. Al día siguiente, Gustavo fue asesinado. Tres años después, el Estado reconoció públicamente haber incumplido su deber de protección y presentó sus disculpas a su familia.
¿Cuántas veces más habrá que escuchar esta constatación tras el asesinato de un periodista? Detrás de cada nombre hay una historia y una investigación pendiente. Quedan nombres y pistas que las autoridades tienen la obligación de seguir. La corrupción, laindiferenciay laimpunidad están presentes en estos casos y contribuyen a explicar por qué la violencia se repite.
El asesinato de siete periodistas en siete meses lo demuestra: ya no basta con abrir una investigación después de cada nuevo crimen. RSF le pide al gobierno mexicano que asuma su responsabilidad política, que explique las fallas en materia de prevención y protección, y que presente un plan nacional de emergencia para evitar que estos asesinatos se repitan.
Por eso, el 26 de agosto,RSF lanza, junto con varios medios de comunicación nacionales y locales, una iniciativa ante la persistencia de esta violencia y la inacción del Estado. La pregunta que nos hacemos es también la que me hago cada vez que llega un nuevo mensaje, un nuevo nombre, una nueva historia:
¿Cuántos más de nosotros tendremos que morir para que el Estado actúe?
Representante de Reporteros Sin Fronteras (RSF) en México
El Sol de México