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El criterio periodístico, ese músculo que estamos dejando de entrenar

No todo lo que alguien publica merece convertirse en noticia. Recuperar el criterio periodístico es uno de los desafíos más urgentes para las redacciones y las escuelas de periodismo.

Por Óscar Durán

Durante mucho tiempo, el criterio periodístico fue una de las primeras lecciones que recibía un estudiante de periodismo. Antes de aprender a escribir un titular, editar un video o entrevistar una fuente, debía responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿esto es realmente noticia?

Las redes sociales han cambiado la velocidad con la que circula la información, pero también han alterado la manera en que muchas redacciones deciden qué cubrir. Con demasiada frecuencia, la agenda del día ya no nace de un hecho de interés público, sino de una publicación viral o una declaración provocadora que escala durante algunas horas en X, TikTok o Instagram. Lo preocupante no es que los periodistas miren las redes; sería absurdo ignorarlas. Lo preocupante es que, en ocasiones, las confundan con la realidad.

No toda opinión constituye un hecho noticioso. En eso no podemos tener matices. No todo trino exige una nota. No toda pelea digital merece un despliegue informativo. Tampoco toda declaración de un político, un influenciador o una celebridad tiene el suficiente valor público para convertirse en noticia.

En las escuelas de periodismo hemos dedicado mucho tiempo a enseñar herramientas digitales, producción multimedia, analítica, inteligencia artificial y creación de contenidos. Todo eso es necesario. Pero, mientras aprendemos nuevas tecnologías, no podemos dejar de entrenar la capacidad de decidir qué merece la atención de la sociedad y qué pertenece simplemente al ruido cotidiano.

Porque el criterio no aparece por intuición. Se forma leyendo, reporteando, verificando, conociendo el contexto y entendiendo que el interés público no siempre coincide con el interés que generan los algoritmos. Un periodista con criterio sabe que la pregunta más importante no es cuántas personas comentaron una publicación, sino qué impacto tiene ese hecho sobre la vida de los ciudadanos.

Quizás por eso necesitamos volver a una enseñanza que parecía obvia y dejó de serlo. Antes de preguntarnos cómo contar una historia (pirotecnia), deberíamos recuperar la costumbre de preguntarnos si realmente vale la pena contarla (sustancia).

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