Ciudad de México.- “El periodismo como intermediario necesario frente al ciudadano tiende a desaparecer”, advirtió el periodista colombiano Daniel Coronell durante el Foro 2026 de la Alianza de Medios MX. Su preocupación no se limita a la transformación de las redacciones o a la llegada de nuevas tecnologías: apunta a lo que ocurre cuando los líderes políticos dejan de considerar necesario que exista una prensa capaz de cuestionarlos.
En ese escenario, el riesgo es que la comunicación entre gobernantes y ciudadanos quede cada vez más concentrada en los mensajes que emite el poder, sin preguntas incómodas ni verificación independiente. Coronell sostuvo que se multiplican los dirigentes que creen tener la facultad de decidir qué pueden preguntar los periodistas y qué información debe llegar al público.
La advertencia pone sobre la mesa una discusión que atraviesa al periodismo mexicano y latinoamericano: cómo conservar su función de vigilancia y explicación de los asuntos públicos mientras enfrenta una crisis económica, nuevas formas de consumo informativo y herramientas tecnológicas que están modificando la producción de noticias.
El encuentro, realizado este martes 3 de noviembre en la Universidad Panamericana, reunió a periodistas y especialistas para discutir cómo financiar los medios, transformar las redacciones y acercarse a las audiencias. La inteligencia artificial estuvo presente en las conversaciones, pero no como una solución automática a los problemas de la industria.
Cuando el poder quiere hablar sin intermediarios
Coronell señaló que algunos líderes políticos han construido un discurso en el que presentan a los medios como adversarios o corruptos y se colocan a sí mismos como quienes deben enfrentarlos. Como ejemplos mencionó las conferencias mañaneras iniciadas por Andrés Manuel López Obrador y continuadas por Claudia Sheinbaum, así como las posturas públicas de Donald Trump, en Estados Unidos, y Javier Milei, en Argentina.
El problema, explicó, es que esa confrontación puede desplazar el intercambio entre periodistas y fuentes por una comunicación de una sola vía. El gobernante emite su mensaje, pero disminuyen las oportunidades de cuestionarlo, contrastarlo con otros datos o pedir explicaciones.
“Se pierde la posibilidad de la verificación, la igualdad de los medios a las fuentes de información y se confunde la propaganda con información”, sostuvo.
La discusión no se reduce a si un presidente tiene una buena o mala relación con la prensa. Lo que está en juego es la posibilidad de que la ciudadanía reciba información contrastada y no dependa únicamente de la versión que una autoridad decide difundir.
En esa misma conversación participó Roberto Rock, director de La Silla Rota, quien en 2025, ya había advertido sobre los desafíos que enfrenta el ejercicio periodístico y su papel en la democracia. La discusión de este año vuelve a colocar esa función en el centro, ahora frente a un escenario en el que la relación entre el poder, los medios y las audiencias está cambiando.
El negocio que sostenía a los medios ya no alcanza
La presión política no es el único problema. Coronell también habló del deterioro del modelo económico que durante décadas permitió a los medios financiarse principalmente mediante publicidad.
Ese esquema, afirmó, sufrió un colapso irreversible. La circulación impresa perdió terreno y la publicidad se desplazó hacia plataformas digitales que concentran buena parte de la atención de los usuarios. Al mismo tiempo, los hábitos de consumo cambiaron: la gente ya no necesariamente espera una edición impresa ni entra a un portal para consultar las noticias de la misma manera que antes.
Coronell describió otro cambio importante: parte de la confianza que antes se depositaba en las marcas periodísticas ahora se dirige hacia personas. Es decir, hay usuarios que siguen a periodistas o creadores de contenido y consumen información a través de sus cuentas, videos o publicaciones.
Ese desplazamiento obliga a los medios a preguntarse cómo conservar una identidad reconocible y una relación directa con sus lectores cuando buena parte de la distribución ocurre en plataformas ajenas.
La periodista Martha Ramos, directora editorial de la Organización Editorial Mexicana (OEM), planteó que los medios tradicionales necesitan recuperar sus identidades y dejar de intentar dirigirse indiscriminadamente a todos los usuarios. La apuesta, dijo, debe orientarse más hacia comunidades con intereses y necesidades informativas compartidas.
La idea implica un cambio de enfoque: no se trata solamente de publicar más contenidos o estar presentes en todas las plataformas, sino de entender a quién se informa, qué necesita saber esa audiencia y por qué elegiría a un medio para hacerlo.
Las nuevas generaciones sí se informan, pero de otra manera
La transformación también pasa por reconocer que las audiencias no desaparecieron: cambiaron sus hábitos. Mael Vallejo, responsable de contenidos editoriales de WIRED en español, señaló que las nuevas generaciones siguen consumiendo noticias, aunque lo hacen mediante formatos distintos, especialmente videos más cortos.
Vallejo citó que la mitad de la comunidad internauta en México se informa periódicamente. El desafío para los medios, explicó, es encontrar formas de conectar con esas personas sin asumir que deben consumir las noticias como lo hacían las generaciones anteriores.
Esto obliga a revisar formatos, distribución y lenguaje, pero también plantea una pregunta editorial: cómo explicar asuntos complejos en piezas breves sin perder contexto ni reducir la información a fragmentos que puedan prestarse a confusión.
La especialización aparece como una posible respuesta. En lugar de competir por atraer a cualquier usuario con cualquier tema, los medios pueden construir contenidos dirigidos a comunidades concretas, con información útil y conocimiento profundo de los asuntos que les interesan.

Inteligencia artificial: ahorrar tiempo no sustituye el criterio periodístico
En otra de las mesas del foro, dedicada a la transformación de las redacciones, Pedro Iván Quintana, coordinador de la Unidad de Inteligencia Artificial de la OEM, compartió experiencias sobre el uso de estas herramientas para producir contenidos especializados y trabajar con datos.
Explicó que la IA puede ayudar a los periodistas a acercarse a grandes cantidades de información numérica y convertirlas en materiales que permitan explicar mejor asuntos de interés público. La tecnología, desde esa perspectiva, funciona como una herramienta de apoyo para investigar, procesar información y encontrar nuevas formas de contar historias.
Oswaldo Aguilar, director de Inteligencia Artificial de Grupo Fórmula, puso el acento en otro obstáculo: conseguir que las personas dentro de las redacciones adopten estas herramientas y aprendan a utilizarlas. La dificultad no está únicamente en incorporar programas o automatizar tareas, sino en cambiar procesos de trabajo y construir reglas claras sobre qué usos están permitidos y cómo deben aplicarse.
Aguilar señaló que la automatización puede ahorrar tiempo y dinero, e incluso permitir que algunas notas se elaboren con mayor rapidez. Pero insistió en que la adopción depende de acompañar a los equipos y mostrarles cómo estas herramientas pueden facilitar su trabajo.
Quintana, por su parte, consideró que dentro de cinco años las mejores redacciones no serán necesariamente las que tengan más herramientas de inteligencia artificial, sino aquellas cuyos trabajadores estén mejor preparados para utilizarlas.
La diferencia es importante: incorporar tecnología no garantiza por sí mismo mejores contenidos. Sin capacitación, supervisión y criterios editoriales, la rapidez puede convertirse en un problema si se pierde de vista la precisión de lo que se publica.
El reto: cambiar sin perder la razón de ser del periodismo
Las discusiones del foro muestran que los desafíos de los medios están conectados. La presión de los líderes políticos, la pérdida de ingresos publicitarios, los nuevos hábitos de consumo y la llegada de la inteligencia artificial no son problemas aislados: todos modifican la relación entre periodistas, fuentes y audiencias.
La tecnología puede ayudar a procesar datos, automatizar tareas y llegar a públicos que consumen información en formatos distintos. Pero no resuelve por sí sola la necesidad de investigar, contrastar versiones, hacer preguntas y explicar aquello que el poder o los intereses particulares no siempre quieren poner en primer plano.
En el fondo, la transformación de los medios no consiste solamente en aprender a utilizar nuevas herramientas o encontrar otro modelo de ingresos. También implica responder por qué debe existir el periodismo y qué pierde la sociedad cuando deja de contar con intermediarios capaces de verificar la información y exigir explicaciones.
Esa es la discusión que queda abierta: cómo construir medios sostenibles y cercanos a sus comunidades sin renunciar a la tarea que los distingue de cualquier otro generador de contenido.
VGB