La organización Reporteros Sin Fronteras vuelve a situar a China como el mayor carcelero de periodistas del mundo y el país con peor situación en el Índice Mundial de Libertad de Prensa, con al menos 121 profesionales detenidos y un sistema de censura que impide el acceso a información independiente.
El informe denuncia que los medios libres no pueden operar sin poner en riesgo su seguridad, en un contexto de control absoluto por parte del régimen comunista. RSF advierte de que el acceso a noticias fiables dentro del país resulta «prácticamente imposible» debido a la vigilancia digital y a un aparato de censura que bloquea cualquier contenido no alineado con el poder.
La organización señala además que el control informativo no se limita al ámbito interno. El régimen ha desplegado una estrategia internacional a través de la cadena estatal China Global Television Network, diseñada para difundir su relato, influir en la opinión pública global y ocultar violaciones de derechos humanos.
Según el informe, esta red mediática forma parte del engranaje del Partido Comunista Chino y opera bajo las directrices del Departamento Central de Propaganda, que marca a diario qué contenidos deben destacarse y cuáles deben silenciarse. El propio líder del régimen, Xi Jinping, ha definido su misión como «contar bien la historia de China».
RSF subraya que, desde su creación en 2016, CGTN ha evolucionado hasta convertirse en una red internacional con presencia en múltiples países, plataformas digitales y redes sociales. Su objetivo es reforzar el llamado «poder blando» chino, aunque la organización sostiene que en la práctica actúa como un instrumento de propaganda.
Aleksandra Bielakowska, responsable de RSF en Asia-Pacífico, alerta de que Pekín «está difundiendo eficazmente su modelo de control informativo» y promoviendo «una narrativa autoritaria a escala global», con el fin de socavar los sistemas democráticos y encubrir abusos.
El informe también recoge medidas adoptadas en países occidentales. El regulador británico Ofcom retiró la licencia de emisión a CGTN tras constatar su dependencia del Gobierno chino. En Australia, la cadena pública SBS tomó una decisión similar tras denuncias sobre la emisión de confesiones forzadas, entre ellas las del periodista británico Peter Humphrey.
Estas prácticas, según RSF, no han cesado. En 2025 se volvieron a emitir confesiones forzadas a través de canales vinculados a la televisión estatal china. Además, estudios de Freedom House indican que CGTN acumula decenas de millones de seguidores en redes sociales y despliega estrategias multilingües para amplificar su mensaje a escala global.
La organización concluye que esta maquinaria mediática está logrando influir en audiencias de África a Hispanoamérica, donde coopera con cadenas locales, y advierte de que la frontera entre propaganda estatal y periodismo queda cada vez más difuminada bajo el modelo informativo impulsado por Pekín.
LA GACETA