Más de una cincuentena de representantes de pueblos originarios y organizaciones de la sociedad civil de la Amazonía, Mesoamérica, República del Congo e Indonesia, agrupados en la «Flotilla Amazónica Yaku Mama», están llevando a cabo una travesía de más de 3.000 kilómetros por el río Amazonas con el objetivo de dar a conocer las dos caras de la Amazonía: problemas y soluciones.
«Nace como un sueño conjunto de hacer un reconocimiento de los territorios amazónicos, para poder ver la realidad de lo que está pasando en este ecosistema tan frágil”, explica a DW Leo Cerdá, uno de los organizadores de la flotilla apuntando al «legado que han dejado los combustibles fósiles, la minería y la deforestación”.
Actualmente ya en Brasil, la flotilla se dirige a su destino final: Belém, donde se llevará a cabo la COP30. En el marco de este acontecimiento, la iniciativa reclama el fin del uso y explotación de combustibles fósiles en la Amazonía. Se trata de una actividad que Brasil no va a renunciar al otorgar una licencia a la petrolera estatal Petrobras para explorar un área situada a 500 kilómetros de la desembocadura del río Amazonas.
Para Levi Tapuia, este hecho no es sorprendente «porque el Congreso no es favorable a los pueblos indígenas y ha aprobado muchas leyes contrarias”. «Vivimos un gobierno contradictorio y aunque es mejor que el anterior, eso no significa que no tengamos problemas con él”, puntualiza a DW este joven de 28 años del pueblo originario Tapuia recordando que «no es solo la Amazonía, hay mucha especulación, la exploración del petróleo afecta a todo el litoral del nordeste brasileño”.

Una ruta marcada por las «cicatrices del extractivismo”
La primera actividad de la Flotilla fue la visita del glaciar Cayambe en Ecuador para «ver que todos los ecosistemas están relacionados: el agua de los Andes da el agua para que empiecen los ríos de la Amazonía”, explica Cerdá, indígena kichwa de Ecuador.
No obstante, el inicio de la ruta fluvial, se llevó a cabo desde la ciudad de Francisco de Orellana, más conocida como Coca, «recordando esa ruta de navegación en donde conquistaban los territorios por el Gran Amazonas, pero ahora como una respuesta frente al colonialismo y a estos proyectos extractivos que han venido a imponerse desde afuera”, apunta a DW Alexis Garza del pueblo Kichwa de Santa Clara, en Ecuador.
«Coca es una de las ciudades y los puertos donde más explota el petróleo en la Amazonía ecuatoriana y ahí tuvimos un evento para conocer de primera mano la situación de los combustibles fósiles en la Amazonía ecuatoriana”, explica a DW Lucía Ixchú, indígena maya k’iche de Guatemala.
El periplo ha contado con diversas etapas. «Desde la montaña a la selva, pasando por el Parque Nacional de Yasuní, hemos ido a Iquitos (Perú), visitado otras comunidades en Colombia y después a Brasil, donde un periodista fue asesinado por reportar los crímenes ecológicos que están pasando en ese sector de la Amazonía”, detalla Cerdá.
«Cualquier persona puede ver la corrupción y la impunidad de los crímenes ambientales que están ocurriendo en Amazonía”, coincide Ixchú, apuntando que han sido testimonios de las actividades de minería ilegal en Ecuador, Perú y Brasil. «Eso lo fuimos viendo durante todo el trayecto”, lamenta recalcando que «la ruta es peligrosa: hay diferentes tipos de industria extractiva con vínculos con el narcotráfico, el tráfico de personas, especies, fauna…”.

Reclamaciones, el equipaje de a bordo
Los integrantes de la flotilla viajan con una serie de demandas para empresas y gobiernos que quieran llevar a cabo proyectos en sus territorios. En primer lugar, los instan a cumplir con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. «Debe ser mandatorio que los países acaten el artículo de los pueblos indígenas”, recalca Cerdá recordando el derecho de los pueblos a decidir sobre sus territorios.
Asimismo, reclaman que se garantice la participación plena de los pueblos originarios. «Muchas veces hemos estado en espacios de toma de decisión como una cuota, pero sin participación efectiva”, critica el joven del pueblo kichwa, que forma parte del Comité Directivo Global del Tratado de la Proliferación de Combustibles Fósiles.
Igualmente, piden que «se reconozca el valor de nuestro trabajo que hacemos desde territorios para mitigar la crisis climática global”, recuerda Garza. Para ello reclaman recibir financiamiento directamente y que «se garantice la vida de los la gente que está defendiendo estos ecosistemas”, agrega Cerdá.

Soluciones desde los territorios
Además de las reclamaciones, la iniciativa pretende mostrar las alternativas que se están llevando a cabo en las comunidades, que van desde la producción, los monitoreos territoriales y la ciencia ancestral.
«Somos más de 50 personas que también representamos diferentes organizaciones, comunidades, que tenemos alternativas a la destrucción climática: desde alternativas económicas, artesanales, de turismo, comunicación, cine, arte o medios. Entonces, también somos una caravana de soluciones vivas”, apunta la vocera guatemalteca.
A ellas se les unen las que han ido descubriendo a lo largo de la travesía. «Por ejemplo, la comunidad de Yarina en la Amazonía peruana, tiene un monitoreo y una protección de casi seis millones de hectáreas de la selva”, explica recalcando que «hay alternativas desde los territorios, más allá del discurso, en la práctica”.
En la llamada ‘COP del financiamiento’, «la solución está en nosotros, en los pueblos indígenas, y en poder tener una financiación directa para poder enfrentar los diferentes cambios que estamos sufriendo”, resume a DW Kelly Gualinga, joven dirigente del pueblo sarayaku de Ecuador, orgullosa de participar en esta iniciativa.
DW