Por Patricia Blanco*
El periodismo realizado con método, independencia y pluralismo es esencial para la democracia. Desempeña un papel decisivo en la protección de los derechos humanos, el fortalecimiento de la ciudadanía, la lucha contra la desinformación y la promoción del desarrollo sostenible. El trabajo periodístico y la garantía del derecho a la libre información nunca han sido tan importantes. Al mismo tiempo, el periodismo atraviesa uno de los periodos más críticos de su historia, bajo crecientes ataques.
El modelo económico ha cambiado, con la migración de los ingresos publicitarios a las plataformas digitales y el desafío de competir por la atención y el apoyo del público en medio de la expansión de los contenidos informativos y de entretenimiento. También existen incertidumbres sobre el uso adecuado de la inteligencia artificial (IA). Paralelamente, los gobiernos autocráticos y los líderes con prácticas autoritarias están aumentando la presión sobre los medios de comunicación y los profesionales del sector.
Por otro lado, es importante reconocer que, si bien aún son tímidas, existen indicios de reconocimiento del valor público del periodismo y su papel en la garantía de la integridad de la información en el entorno digital. Sin embargo, es necesario ir más allá y reforzar este movimiento ante la necesidad de pacificar las relaciones en un mundo polarizado, con numerosos conflictos armados y la actividad del crimen organizado. Es en este escenario de incertidumbres donde esta percepción cobra fuerza y guía los debates del Día Mundial de la Libertad de Prensa 2026, que se celebra este domingo bajo el liderazgo de la UNESCO.
Esta fecha subraya el papel del periodismo en un entorno informativo alarmante, marcado por la censura, las restricciones indirectas y la violencia contra los periodistas. Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), por primera vez en 25 años, el 52,2 % de los países se encuentran en una situación «difícil» o «muy grave» para el ejercicio del periodismo. En 2002, el 20 % de la población vivía en entornos favorables a la prensa; hoy, esa cifra se ha reducido al 1 %.
Los datos de la UNESCO indican una caída del 10 % en la libertad de expresión desde 2012, un aumento del 48 % en los intentos de controlar los medios de comunicación y un incremento del 63 % en la autocensura, mientras que el 85 % de los asesinatos de periodistas quedan impunes. Al mismo tiempo, el camino parece allanado para quienes difunden desinformación: el 40 % de los usuarios de internet utilizan inteligencia artificial para crear o modificar contenido, careciendo del rigor técnico del periodismo.
El impacto económico de la desinformación también es elevado. Se estima que las pérdidas ascienden a 78 mil millones de dólares anuales. Además, la falta de interés en la información va en aumento. En Brasil, datos de Cetic.br muestran que el 34% no ve valor en verificar la información, el 33% no cree en el impacto de la verificación de datos y el 27% considera irrelevante saber si algo es cierto.
La integridad de la información se ve amenazada por el fraude tecnológico. Datos de la Policía Federal (PF) muestran que el 42,5% de las estafas financieras utilizan inteligencia artificial. El uso de deepfakes aumentó un 830% entre 2024 y 2025, y el país se encuentra entre los mayores productores de malware.
Esta situación incrementa los riesgos para la economía, la circulación de información fidedigna y la vida democrática. En respuesta, la UNESCO propone tres áreas principales de debate: paz y seguridad, con especial atención a la protección de los periodistas; transformación digital e integridad de la información; y viabilidad de los medios de comunicación, con énfasis en la financiación, el pluralismo, el fomento de la lectura crítica y la inclusión.
Estos conceptos sustentan algunas respuestas institucionales e iniciativas públicas y privadas. Los países están impulsando legislación para regular las plataformas, aumentar la transparencia y establecer normas para el uso de contenido periodístico por parte de empresas tecnológicas y sistemas de IA. Los modelos de remuneración periodística se están incorporando gradualmente a la agenda pública, basados en el diálogo entre gobiernos, medios de comunicación y empresas, incluso con desacuerdos; siempre es bueno recordar que el consenso desde diferentes perspectivas es uno de los pilares de la democracia.
Siempre vale la pena recordar a Amartya Sen, para quien el desarrollo va más allá del crecimiento económico. Según este pensador de 92 años, las sociedades libres y pacíficas amplían las oportunidades (con equidad), reducen los riesgos y fortalecen la confianza colectiva. La base de esta credibilidad reside precisamente en la libertad de prensa.
*Presidente del Instituto de la Palabra Abierta