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Más IA no siempre significa más innovación: un estudio en América Latina la vincula también con redacciones sobrecargadas

Un estudio con 4.250 periodistas de 11 países latinoamericanos concluye que el uso de IA y herramientas digitales avanzadas no siempre responde a una mayor capacidad de innovación: en parte, también está asociado a redacciones sometidas a sobrecarga laboral y a la necesidad de sostener la productividad con recursos limitados.
Diseño conceptual ejecutado con la asistencia de IA.

La adopción de inteligencia artificial y herramientas digitales avanzadas no siempre es señal de que una redacción haya desarrollado una estrategia tecnológica más madura. Una parte de ese uso puede estar relacionada con la necesidad de mantener la productividad en contextos de fuerte presión laboral y recursos limitados.

Esa es una de las conclusiones más relevantes de una investigación realizada con 4.250 periodistas de 11 países latinoamericanos. El estudio detecta que quienes trabajan más de 48 horas semanales presentan niveles superiores de utilización de analítica de audiencias, automatización y personalización de contenidos. Los autores interpretan esta relación como una posible estrategia para hacer frente a la intensificación del trabajo, y no necesariamente como resultado de una mayor capacidad tecnológica de las empresas.

La investigación, publicada en Journalism & Mass Communication Quarterly, analiza datos de la tercera oleada del Worlds of Journalism Study. La muestra incluye profesionales de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Perú y Venezuela. México y Chile quedaron fuera del análisis porque sus cuestionarios no contenían todos los elementos necesarios para construir el indicador tecnológico utilizado por los investigadores.

El trabajo introduce así una diferencia importante entre adoptar tecnología para transformar una redacción y recurrir a ella para soportar una presión productiva cada vez mayor. Los propios investigadores señalan que las restricciones de recursos pueden impulsar flujos de trabajo híbridos, en los que herramientas digitales y automatización ayudan a sostener la productividad cuando las plantillas disponen de menos tiempo o recursos.

Para medir la adopción tecnológica, el estudio no se limita a la inteligencia artificial generativa. Los investigadores construyeron un índice a partir de tres variables: la frecuencia de uso de plataformas de analítica de audiencia como Chartbeat, Parse.ly o Google Analytics; la existencia de sistemas de IA para automatización de noticias; y la utilización de sistemas de personalización de contenidos.

Los datos reflejan además una penetración todavía desigual de esas tecnologías durante el periodo analizado. El 32,6% de los periodistas declaraba no utilizar nunca herramientas de analítica de audiencia, mientras que el 18,4% las usaba algunas veces, el 16,8% con frecuencia y el 15% siempre. En el caso de las aplicaciones de inteligencia artificial, el 9,3% de los encuestados señalaba la existencia de periodismo automatizado en su entorno de trabajo y el 16,8% indicaba el uso de sistemas de personalización de noticias.

El resultado sobre las jornadas laborales es uno de los más significativos del análisis. Trabajar más de 48 horas semanales aparece asociado a una mayor adopción de las tecnologías estudiadas, con una relación estadísticamente significativa. Los autores plantean que esta circunstancia puede reflejar el uso de herramientas digitales como mecanismo para hacer frente a una mayor carga de trabajo.

Una redacción puede, por tanto, mostrar un uso relativamente intenso de automatización o analítica sin que ese dato permita concluir por sí solo que dispone de una estrategia de innovación más avanzada. En determinados casos, la tecnología puede estar funcionando como respuesta operativa a una organización sometida a una fuerte presión de producción.

La investigación encuentra al mismo tiempo otro fenómeno que matiza todavía más esa relación. Los periodistas con contratos temporales presentan niveles inferiores de adopción tecnológica que quienes disponen de contratos permanentes. La asociación también es estadísticamente significativa, mientras que el nivel salarial, medido en relación con el salario mínimo de cada país, no muestra una relación significativa en el modelo utilizado.

Para los autores, la estabilidad contractual favorece precisamente algunos de los elementos necesarios para integrar estas tecnologías de manera continuada: acceso a formación, desarrollo acumulativo de capacidades, mayor definición de funciones y una incorporación más estable a los procesos internos de la redacción.

Eso permite observar dos efectos diferentes de las condiciones laborales. La sobrecarga puede favorecer un uso más intenso de herramientas que ayudan a sostener la producción, mientras que la inestabilidad contractual puede dificultar que los periodistas desarrollen las competencias necesarias para incorporarlas de forma permanente a su trabajo.

La tecnología puede servir para responder a un problema inmediato de productividad y, al mismo tiempo, no resolver el problema de fondo de crear capacidades digitales dentro de la organización. El estudio señala que sistemas como la analítica, la automatización o la personalización requieren continuidad, familiaridad técnica y coordinación entre funciones editoriales y tecnológicas, condiciones más difíciles de consolidar en entornos de elevada rotación.

La situación laboral de la muestra ayuda a contextualizar estos resultados. El 51,2% de los periodistas encuestados tenía contratos temporales, el 26,2% declaraba ingresos equivalentes aproximadamente al salario mínimo de su país y el 30,2% trabajaba más de 48 horas semanales.

La investigación encuentra además que las diferencias entre países explican relativamente poco de la adopción tecnológica observada. El grado de desigualdad económica nacional, medido mediante el coeficiente de Gini, no aparece asociado de manera estadísticamente significativa con el uso de las herramientas analizadas. Alrededor del 3% de la variación corresponde a diferencias entre países, mientras que la mayor parte se produce entre periodistas dentro de un mismo contexto nacional.

Este resultado lleva a los investigadores a situar buena parte de las diferencias tecnológicas más cerca de las propias redacciones que de los grandes indicadores económicos nacionales. Las condiciones de contratación, la organización del trabajo y los recursos disponibles pueden desempeñar un papel más directo que la desigualdad general del país a la hora de determinar quién puede incorporar de manera estable tecnologías avanzadas a su actividad profesional.

Para los editores, el estudio plantea así una cautela a la hora de utilizar el nivel de adopción de IA como indicador de transformación: más tecnología no equivale necesariamente a una organización más innovadora. También puede revelar que las herramientas se están utilizando para absorber una carga creciente de trabajo.

Los autores concluyen que comprender la digitalización del periodismo latinoamericano exige prestar atención a las estructuras laborales y organizativas en las que se produce. Su análisis sugiere que mejorar la estabilidad laboral y los procesos de desarrollo de capacidades puede favorecer una integración tecnológica más sostenible que limitarse a proporcionar nuevas herramientas.

El estudio tiene, no obstante, varias limitaciones. Se trata de un análisis transversal y correlacional, por lo que identifica asociaciones, pero no permite establecer que la sobrecarga laboral sea la causa de un mayor uso tecnológico. Además, los datos fueron recogidos entre 2021 y 2024, de modo que gran parte del trabajo de campo es anterior a la expansión más reciente de la inteligencia artificial generativa. Los propios autores señalan también que variables como el tamaño de las redacciones, sus estructuras de financiación o su capacidad tecnológica no estaban recogidas en el conjunto de datos analizado.

LABORATORIO DE PERIODISMO

FUNDACION LUCA DE TENA

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