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Radiografía del periodismo en Colombia: resistir, reinventarse y sobrevivir

En muchas redacciones locales de Colombia, el silencio pesa más que las palabras. Los periodistas trabajan bajo la presión de grupos armados, políticos de turno y poderes económicos. La creatividad y la terquedad de quienes insisten en informar se enfrentan a los cercos de la violencia, la precariedad y las brechas de infraestructura.
Este informe de la FLIP recorre 34 municipios del país para mostrar esa paradoja: un periodismo que resiste entre la mordaza y la reinvención, que sobrevive en medio de amenazas, pero también florece entre iniciativas comunitarias y digitales que insisten en mantener a sus comunidades informadas. Foto: FLIP

Juan Pablo Madrid-Malo y César A. Paredes P.

En Colombia, el periodismo local sobrevive entre la violencia, la precariedad y la presión política, pero también en medio de un fenómeno paradójico: la proliferación de medios comunitarios e iniciativas independientes que, aunque dispersas y frágiles, muestran que donde existen redes sociales y comunitarias comienza a circular información de interés público.

Esa coexistencia de silencios impuestos y voces emergentes obliga a replantear la manera en que se analiza el periodismo local. Más que contar cuántos medios existen o no, en este estudio, la FLIP puso el termómetro en las condiciones estructurales que determinan hasta dónde es posible que emerjan o se sostengan medios locales y garanticen el acceso a la información confiable.

Esta investigación se enmarca en el esfuerzo regional patrocinado por la Fundación Gabo por comprender los ecosistemas informativos en cinco países de América Latina1. En el caso colombiano, la FLIP optó por una metodología distinta a la utilizada en la investigación Cartografías de la Información (2019), que identificó 666 “desiertos informativos” —la mitad de los municipios del país— a partir de la ausencia de medios locales. Ese fue un primer diagnóstico, en un momento en el que la penetración de internet y la digitalización todavía no alcanzaban las cifras que hoy transforman el panorama informativo.

La aproximación actual a las realidades locales requiere reconocer los esfuerzos por informar de nuevos actores del ecosistema como los influencers comunitarios, productores y productoras de contenido empíricos y periodistas ciudadanos que han surgido en los últimos años.

El estudio se centró en 34 municipios intermedios —varios de ellos capitales departamentales— que cumplen un papel estratégico por su ubicación en zonas de frontera, áreas metropolitanas o corredores de relevancia regional. A lo largo del proceso se realizaron 117 entrevistas en profundidad y se aplicaron 164 encuestas a periodistas y trabajadores de medios, para examinar las condiciones del periodismo en cinco dimensiones: seguridad, economía, presiones políticas, infraestructura y salud del ecosistema mediático.

Los hallazgos muestran un periodismo acorralado en múltiples frentes: la inseguridad es uno de los obstáculos más persistentes, la dependencia de la pauta oficial condiciona las agendas e incluso la supervivencia de los medios, y la conectividad es deficiente en la mayoría de los territorios. Y, sin embargo, el periodismo persiste. En lugar de un vacío absoluto, lo que se encuentra es un ecosistema en tensión, donde informar sigue siendo un acto de valentía y tozudez, pero también una demostración de ingenio y creatividad ante muchos factores adversos.

Del miedo al silencio

La violencia contra la prensa en Colombia se ha intensificado en los últimos años, marcada por la acción de los grupos armados ilegales y bandas locales, que son uno de los principales condicionantes de la libertad de expresión y el trabajo periodístico. En un contexto de reconfiguración del conflicto, de disputas territoriales y crimen transnacional, la situación se ha agravado de manera sostenida en diversos territorios. En otros, la violencia nunca se ha ido. La consecuencia inmediata es la autocensura, descrita por un periodista de larga data en Santander de Quilichao, en el norte del Cauca, como “un periodismo de mordaza, donde todos tenemos temor, todos tenemos miedo… yo quiero ver crecer a mis nietos”.