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Sentencian a periodista china a cuatro años de prisión por informar sobre el COVID-19

Aunque Zhang Zhan fue puesta en libertad condicional, permanece bajo vigilancia de las autoridades; temen que sea alejada de la vista pública
Algunos ciudadanos participan en una protesta para exigir la liberación de Zhang Zhan. FOTO: ESPECIAL

por GABRIEL MARTÍNEZ

La periodista independiente Zhang Zhan fue sentenciada a cuatro años de prisión por informar sobre la pandemia en Wuhan, China. Su liberación tuvo lugar el pasado 13 de mayo de 2024 pero, pese a su excarcelación, sigue bajo vigilancia estatal.

Su caso dio la vuelta al mundo. Zhang Zhan, de 40 años y nacida en Shanghái, dejó atrás su carrera como abogada para convertirse en una periodista independiente. Su historial incluye detenciones anteriores por su activismo contra la censura y la represión gubernamental en China.

En febrero de 2020, Zhang Zhan partió desde Shanghái hacia Wuhan, el epicentro del brote de COVID-19 en China, con el propósito de informar sobre la crisis sanitaria que asolaba la ciudad.

Zhang Zhan denunció la detención de periodistas independientes y el acoso a familiares de pacientes por parte de las autoridades. Sus transmisiones en vivo y ensayos, ampliamente seguidos en las redes sociales según National Geographic, persistieron a pesar de las amenazas oficiales.

Según el mismo medio, Zhang Zhan había compartido más de 100 videos en sus canales de YouTube, WeChat y Twitter antes de ser reportada como desaparecida el 14 de mayo de 2020.

Al día siguiente, las autoridades anunciaron su detención por la policía en Shanghái. Fue acusada en noviembre por “provocación de disturbios”, un cargo comúnmente empleado contra activistas en China y sentenciada al mes siguiente.

El caso de Zhang Zhan ilustra las fuertes limitaciones a la libertad de prensa en China, donde los periodistas enfrentan censura y riesgos por reportar la verdad.

Durante los primeros meses de su detención, Zhang inició una huelga de hambre, y su abogado informó que estaba siendo alimentada a la fuerza mediante un tubo.

En enero de 2022, en un artículo, Amnistía Internacional informó que habló por videollamada con la madre de Zhang Zhan, quien confirmó que había abandonado la huelga de hambre y que las autoridades habían cesado la alimentación forzada.

Permaneció en huelga parcial hasta julio de 2023, cuando se informó que su peso había disminuido drásticamente a solo 37 kilos, la mitad de su peso anterior a la detención. Además, sufría de desnutrición severa, problemas gastrointestinales y un bajo conteo de glóbulos blancos, según publicó BBC News.

Organizaciones de defensa de la libertad de prensa y grupos de derechos humanos han denunciado que Zhang fue sometida a un proceso injusto y solicitaron, entonces, su liberación, especialmente debido al deterioro de su salud.

Aleksandra Bielakowska, de Reporteros sin Fronteras, expresó su “gran preocupación” por la seguridad de Zhang Zhan después de su liberación, informó BBC News. “Creo sinceramente que pronto dejaremos de tener noticias sobre ella. Probablemente intentarán detenerla en un lugar secreto o mantenerla fuera de la vista durante algún tiempo”, añadió.

Uno de los abogados de Zhang informó a la BBC China que, aunque liberada, su “libertad personal seguirá estando restringida”. Además, mencionó que Zhang residirá ahora con sus padres en Shanghái.

El caso de Zhang Zhan subraya las limitaciones a la libertad de los defensores de derechos humanos tras su liberación en regímenes autoritarios. A menudo, enfrentan una “libertad” nominal mientras continúan bajo vigilancia y restricciones que limitan su capacidad de actuar y expresarse.

De profesión abogada, Zhang Zhan decidió convertirse en periodista independiente cuando estalló la pandemia de COVID-19. FOTO: ESPECIAL

El Partido Comunista inundó los medios estatales con narrativas positivas sobre su gestión frente al COVID-19. En febrero de 2023, los líderes del partido declararon una “victoria” sobre el virus y describieron la respuesta gubernamental como “un milagro”.

Además del acoso a sus familias, las amenazas sutiles son tácticas comunes para mantener a los activistas en un estado de miedo y dependencia. Estas medidas no solo buscan silenciar a los individuos directamente afectados, sino también enviar un mensaje disuasorio a otros que podrían considerar desafiar el statu quo, según expresó National Geographic en un artículo.

Estas tácticas menos obvias que el encarcelamiento permiten al régimen mantener una apariencia de legalidad y moderación, dificultando la labor de organismos internacionales y grupos de derechos humanos que buscan verificar y condenar estas violaciones de libertades fundamentales. Esta situación resalta la persistente vulnerabilidad de los activistas incluso después de su “liberación”, ya que su lucha y seguridad personal continúan en riesgo.

Zhang Zhan afirmó en una entrevista con un cineasta independiente, fragmento obtenido por la BBC: “No abandonaré mi labor, porque este país no puede retroceder”.

VANGUARDIA

 

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