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La esencia del periodismo es hoy la misma que hace un siglo: informar al lector sobre el mundo en el que vive, donde la verdad no siempre se encuentra a ras de suelo ni las voces más escuchadas son las más fiables. Esto obliga a los reporteros a indagar y a enfrentarse casi a diario a quienes, desde el poder político y económico, intentan ocultar lo que no quieren que se publique.
Sucede que esta actividad, «casi mística», está sometida actualmente a incertidumbres que amenazan tanto a su desempeño como a su modelo de negocio, lo que requiere editores comprometidos y periodistas independientes. El debate sobre la salud de este oficio ha centrado la mesa redonda que se ha celebrado este jueves en Madrid con motivo del 25 aniversario de este diario, en la que han participado José Antonio Zarzalejos (El Confidencial) y Michael Reid (‘The Economist’).
En una charla moderada por Ramón González Férriz (El Confidencial), los ponentes han reflexionado sobre la era de la posverdad, donde millones de voces participan en la conversación pública y eso genera un ruido que impide distinguir lo importante y verdadero de lo accesorio y lo falaz. José Antonio Zarzalejos ha incidido en que la libertad de prensa está seriamente amenazada en estos tiempos, en los que el populismo “es el paradigma de la nueva política” y busca “desalentar” a los ciudadanos en el ejercicio de las libertades públicas.
Todo empezó —a su juicio— en 2016, el año del Brexit y de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Ambos acontecimientos se produjeron pese a que la práctica totalidad de los medios de comunicación tradicionales había alertado sobre sus riesgos, lo que demostró la influencia que habían conseguido las plataformas de difusión alternativas. Principalmente, las redes sociales, las cuales salpimentan el debate con múltiples componentes tóxicos.
Amenazas para el periodismo
En una de sus intervenciones, ha citado los informes de Reporteros sin Fronteras, que señalan que en más de la mitad de los países del mundo las condiciones para ejercer el periodismo son malas o peores que hace algunos años. Eso provoca censura y autocensura, en muchas ocasiones, avivada por gobiernos que pueden ser despóticos, pero también democráticos, aunque iliberales.

Para Zarzalejos, es preocupante que el Gobierno y determinados partidos amenacen actualmente la libertad de prensa con políticas tan cuestionables como las que promueven un trato financiero e informativo desigual entre los diferentes medios de comunicación, lo que impide una competencia sana y en igualdad de condiciones. Por otra parte, “se producen hechos como que un ministro insulte impunemente, de la manera más zafia, a un medio de comunicación” a través de sus redes sociales, ha denunciado.
25 aniversario de El Confidencial
Estas reflexiones las han realizado dentro del Auditorio Caja de Música, en el Palacio de Cibeles de Madrid, de estilo ecléctico y renacentista y sede central del Ayuntamiento de Madrid desde 2007. Entre las butacas se encontraban el editor de este periódico, José Antonio Sánchez; el director, Nacho Cardero, además de diferentes personalidades de la política, la empresa y los medios de comunicación, que habían acudido al primer acto que conmemora las bodas de plata de esta cabecera.
José Antonio Zarzalejos ha puesto en valor algunas de las innovaciones que acompañaron este proyecto, tras su gestación, como la renuncia a publicar un editorial diario que marque su postura sobre los principales temas de actualidad. Desde su punto de vista, eso permite a los periodistas y analistas trabajar y expresarse sin estar condicionados por la ‘opinión oficial’ del diario.

“Los periódicos deberían abandonar el género editorial”, ha añadido, a la vez que ha puesto en valor la pluralidad de opiniones que conviven en la portada de El Confidencial, donde hoy pueden escribir socialdemócratas, liberales, ultraconservadores, o personas de derecha o izquierda radical siempre que sus puntos de vista sean sensatos y respeten el terreno constitucional.
Reid pertenece a una de las grandes publicaciones del mundo periodístico actual, la cual todavía basa una parte de su influencia en los editoriales. Ahora bien, al contrario de lo que sucede en gran parte de las cabeceras españolas, en ‘The Economist’ se decide el contenido de estos textos de forma dialogada y “democrática”.
El lector, en el centro
González Férriz ha trasladado a los dos ponentes una cuestión palpitante, que quizás es la más necesaria en el debate periodístico actual: ¿Qué hay que hacer para que los medios recuperen la posición central de la que disponían antes de la era digital y de la posverdad? ¿Cómo ganarse de nuevo la confianza de los ciudadanos para que los diarios vuelvan a formar parte de su menú matutino o vespertino?

Michael Reid ha confesado su concepción “mística” del oficio, aunque ha reconocido que los periodistas cometen errores y que, para no perder el favor de los lectores, en esos casos es necesario disculparse.
El corresponsal de ‘The Economist’ en España e Hispanoamérica ha advertido de la existencia de una relación entre el empeoramiento de la cuenta de resultados de infinidad de cabeceras y la pérdida de libertad que se ha vivido en los medios tradicionales, algo que ha afectado a cabeceras históricas como ‘Washington Post’. “Pero creo de verdad que el periodismo es la sangre viva de la democracia y que tenemos que luchar por mantenerlo”, pese a que los líderes populistas traten de impedirlo, en cuanto a que ellos rechazan las instituciones independientes.

Zarzalejos ha abogado por alejarse de las redes sociales, “que no son medios, sino chiringos”, y por apostar por un periodismo de proyectos bien construidos, financiados y respaldados por redacciones profesionales. “El autoempleo es peligrosísimo y la tecnología actual lo ha favorecido”, ha apuntado.
“Tenemos que ocupar el lugar que nos corresponde”. Eso sí, “no podemos estar mirándonos al ombligo sin pensar cómo de creíbles y confiables somos para nuestras audiencias”. De ahí la importancia de que los periódicos establezcan comunidades con sus lectores, ha afirmado.
Y, frente al pesimismo, latente en el sector desde hace más de dos décadas, ha concluido: No podemos caer en la nostalgia ni en lamentos. Tenemos que evolucionar”.
El Confidencial