Madrid, España.- Un hombre entró en la redacción que Infobae tiene en el centro de Madrid el pasado viernes 26 de junio por la mañana y robó el equipo clave para la cobertura de la actualidad diaria.
Las imágenes de las cámaras de seguridad registraron todo y revelarían al autor del robo: un hombre de complexión media, gafas, camiseta blanca, pantalón vaquero y una mochila negra.

Lo que se llevó no es solo material. Son las herramientas con las que Infobae —el medio en español más leído del mundo— ejerce su trabajo todos los días: informar, documentar, contar lo que pasa.
Todo indicaría que no actuó al azar: desmanteló por completo un estudio de grabación operativo y se movió con un conocimiento previo de la redacción, sus trabajadores y de su equipamiento. No fue un robo oportunista: sabía lo que buscaba, sabía dónde estaba y sabía cómo llevárselo.

Una prensa libre
Pero el robo es solo una parte del problema. Lo más grave es que alguien pudo infiltrarse en una redacción periodística, moverse con libertad por su interior y llevarse material sensible de trabajo periodístico. Eso no es un hecho menor. Es una señal de alarma.
Una redacción periodística no es un objetivo cualquiera. Es el lugar donde se produce la información, donde trabajan periodistas, donde se toman decisiones editoriales. Cuando ese espacio es vulnerado, no se ataca solo a un medio. Se ataca la capacidad del periodismo de funcionar con independencia y seguridad.

Este tipo de ataques contra los medios son también una amenaza para la libertad de expresión. No hacen falta ataques violentos para intimidar a un medio libre. Basta con demostrar que se puede entrar, que el trabajo periodístico puede ser interrumpido o dañado desde adentro. Cuando el periodismo no puede operar con seguridad,la sociedad entera pierde.
Infobae denuncia este hecho públicamente porque considera que el silencio no es una opción. Lo que le ocurrió a esta redacción puede ocurrirle a cualquier medio. Y eso nos obliga a hablar.
Infobae