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Cadena perpetua para el líder del comando del Estado Islámico que ejecutó a varios periodistas

Shafee El Sheikh, el jefe del grupo apodado 'The Beatles', ha recibido ocho cadenas perpetuas después de ser declarado culpable en abril por matar a cuatro estadounidenses

El líder del comando del Estado Islámico (ISIS) conocido como Los Beatles, El Shafee El Sheikh, fue sentenciado hoy a ocho cadenas perpetuas por un tribunal norteamericano, en la misma jornada en la que se recuerda el trágico aniversario de la ejecución del periodista James Foley a manos de este grupo, que se ganó una brutal reputación por sus crímenes.

“Hoy es el octavo aniversario de la espantosa decapitación de nuestro hijo Jim. Pero hoy recordamos a cuatro jóvenes estadounidenses extraordinarios. Han dejado un legado de profundo coraje moral”, manifestó Diane Foley, la madre del reportero, que participó en la última sesión de esta causa sobreponiéndose a las lágrimas.

El Sheikh apareció en la sala vestido con un uniforme verde, con la cara cubierta por una máscara quirúrgica y se negó a dirigir la mirada a la mayoría de los participantes. También rechazó declarar ante el tribunal y acabó finalmente explicando que pretende recurrir a la sentencia al considerar que su defensa no ha sido la adecuada.

Previamente, el radical había señalado que no reconocía la autoridad de la justicia norteamericana y exigió que sus acciones se revisaran mediante la “sharia”, la ley islámica.

El juez del caso, Thomas Selby, aclaró que los testimonios recogidos en el proceso -en el que declararon 35 testigos, incluidos ex rehenes del comando y hasta un miembro del movimiento extremista- “constituyen un episodio muy significativo de la historia de nuestro país y de la justicia. No podemos olvidarlo”. Selby añadió que eso servirá para que “las víctimas sigan vivas”.

El proceso judicial confirmó la participación de El Sheikh en el asesinato de al menos ocho rehenes de EEUU, Inglaterra y Japón.

Cuando todavía permanecía en las filas del ISIS en Siria, El Sheikh temía la reacción de la justicia occidental anticipando que sufriría las mismas prácticas desquiciadas que el usó con el grupo de rehenes. “No me quiero imaginar lo que haríais conmigo si fuerais vosotros los que estuvierais en mi posición”, proclamó en una ocasión delante de sus víctimas.

Sin embargo, y como puntualizó el fiscal Raj Parekh, el militante ha enfrentado un “juicio justo” que incluso podrá apelar, un privilegio del que nunca pudieron disfrutar sus víctimas, decapitadas sin derecho alguno a reclamar.

“El odio se apoderó de tu humanidad”, le recriminó Diane Foley cuando se personó en el estrado para lanzar un último mensaje antes de escuchar la sentencia.

Uno de los ex rehenes, Daniel Ottosen, manifestó que la presión psicológica que sufrió en las últimas semanas de su retención fue tal que lo único que le aliviaba eran las palizas que le daban los milicianos.

“Podía relajarme pensando sólo en el dolor. Era más llevadero que estar a solas con mis pensamientos”, dijo al intervenir ante la sala.

Mónica Garca Prieto, esposa de otro de los secuestrados, recordó cómo su hijo pequeño solía dormir en el suelo al principio de la odisea para emular la experiencia por la que estaba pasando su padre, mientras que su hija, que entonces tenía cuatro años, no dejaba de dejar mensajes en el teléfono de su padre -sustraído por los fundamentalistas- para pedirle llorando que volviese a casa.

“Cuando secuestras a una persona, no sólo estás destrozando su vida sino la de todos los que están a su alrededor”, agregó recordando asimismo la triste suerte de los miles de rehenes raptados por el ISIS cuya suerte todavía se desconoce.

El Sheikh fue condenado en abril tras una causa que se extendió durante 11 días y en la que el islamista intentó eludir su responsabilidad aludiendo que él sólo era un “simple militante” del Estado Islámico y no el dirigente de “Los Beatles”.

Durante muchos meses, el militante se negó a reconocer que pertenecía a ese comando. En la primera entrevista que concedió a una periodista libanesa, Jenan Moussa, en 2018 respondió con sarcasmo a la pregunta de si quería hablar sobre Los Beatles: “No escucho música, así que prefiero no hablar de eso”.

Sin embargo, en la misma conversación admitió que si existiera una posibilidad de regresar en el tiempo al año 2012 “volvería a hacer lo mismo”.

“POR LOS MUSULMANES”

Durante el juicio el activista adujo que había ido a Siria para luchar contra “el sufrimiento de los musulmanes”, toda una ironía dado que la abrumadora mayoría de sus víctimas eran precisamente miembros de esa confesión religiosa.

A diferencia de Kotey, El Sheikh ha mantenido una absoluta oposición a cualquier acuerdo con la fiscalía norteamericana. “No ha cambiado un ápice. Sigue siendo la misma persona que era en Siria”, comentó a este diario un miembro de la fiscalía en alusión al carácter sanguinario y extremo que siempre caracterizó al militante.

El jefe del comando siempre se significó por disfrutar con las humillaciones y torturas a las que sometía a sus víctimas. Él era quien solía idear las jornadas de golpizas y torturas, y quien expresaba un odio más vocal hacia los cautivos y las naciones de las que provenían.

Así, nada más escuchar que Peter Kassig era estadounidense fue él mismo quien arremetió a patadas contra el joven cuando fue transferido bajo su férula a finales de 2013. “¡Americano! ¡Te odio!”, se le oía chillar mientras seguía golpeando al rehén de 26 años, que meses después sería ejecutado por el mismo grupo.

El Sheikh fue también quien exhibió a uno de los rehenes el vídeo del primer cautivo asesinado, el ingeniero ruso Nicolaievich Gorbunov, raptado en octubre de 2013, al que le volaron la cabeza de un disparo.

“El jeque le disparó con una bala explosiva”, indicó sin ocultar su obvia satisfacción.

“¡Dime!, ¿qué ves? ¡Díselo a todos!”, gritó en esa ocasión en medio de uno de los habituales arrebatos de furia que solía dominarle.

“Veo a Sergei, está muerto, tiene sangre, restos de su cerebro en la barba”, tuvo que comentar el cautivo.

“Sí, y eso que no ves el enorme agujero que le hizo la bala en la nuca”, añadió el miliciano en el mismo tono exaltado.

“¡A lo mejor termináis con él! ¡Os obligaremos a desenterrarle, a cavar otra tumba y os meteremos a dormir con él!”, volvió a vociferar.

La grabación que recogía el cuerpo inerme de Gorbunov fue usada como una de las pruebas incriminatorias durante el juicio contra El Sheikh.

La policía británica indicó que el fundamentalista solía enviar a su hermano Khalid fotos propias de cualquier guión gore, que los agentes incautaron en el teléfono de este último. Varias de esas imágenes incluían cabezas humanas clavadas en picas. Como declaró otro antiguo miembro del movimiento extremista, Omer Kuzu, El Sheikh siempre vestía un uniforme verde y una pistola Glock, algo bastante inusual entre los radicales y que según el testigo era “un símbolo de la aristocracia del ISIS”.

Kuzu recalcó que el fundamentalista mantenía una actitud “reservada y casi secreta” consciente de la importancia que tenía su figura para los servicios de inteligencia occidentales.

Los rehenes recuerdan cómo en algunas ocasiones cuando se comunicaba con ellos solía hablar al mismo tiempo que se cerraba la nariz con la mano para distorsionar su voz.

La sentencia contra El Sheikh pone fin a la triste saga de esta camarilla del Estado Islámico y a una investigación de ocho años en la que participaron diversas fuerzas de seguridad europeas y el FBI de EEUU.

“Estos hombres pensaron que estaban fuera del alcance de la ley”, pero, gracias a la “fortaleza y coraje de los rehenes que declararon en su contra” han descubierto lo contrario, declaró este miércoles el comandante de las fuerzas antiterroristas de Inglaterra, Richard Smith.

Los británicos llevaron la mayor parte del peso de la indagatoria y fueron ellos quienes consiguieron desenmascarar la identidad de los milicianos, gracias a las imágenes que obtuvieron de la detención de El Sheikh y Kotey en 2011 en un altercado que protagonizaron en el Reino Unido.

Smith añadió que El Sheikh y sus compañeros son responsables de “algunos de los actos más bárbaros que hemos visto y que llevaron a cabo con una crueldad y brutalidad escalofriante”.

Todavía resta por conocer la suerte judicial del cuarto “Beatle”, Paul, identificado como Ane Davis, que como Kotey era un simple maleante que decidió reconducir su vida hacia el extremismo.

Davis jugó un papel menor en el proyecto de secuestros de occidentales y su única responsabilidad conocida fue la de custodiar a los rehenes.

El británico fue detenido en Turquía en 2015 cuando escapaba de Siria y cumplió siete años y medio de cárcel en ese país antes de ser extraditado al Reino Unido, donde fue arrestado una vez más hace pocas jornadas. La justicia del país europeo le acusa de “terrorismo”. Según la agencia italiana Ansa, Davis también tendrá que responder ante la justicia del país transalpino que le ha vinculado al secuestro del cooperante Federico Motka.

La actitud recalcitrante de El Sheikh refuerza la posibilidad de que cumpla su condena en una de las prisiones más duras del sistema carcelario estadounidense y comparta allí estadía con otros criminales tan tristemente notorios como el traficante de drogas El Chapo, el radical islamista Dzhokar Tsarnaev -responsable del atentado en el maratón de Boston de 2013- o el jefe mafioso Vincent Basciano.

En la citada cárcel, situada en Colorado, los presos permanecen en su diminuta celda durante 23 horas al día, aislados por completo de cualquier contacto humano. Su única salida es la ducha instalada en una jaula y a otro pequeño recinto rodeado de barras por el que pueden dar vueltas, aunque también en solitario.

El Sheikh fue capturado por las milicias kurdas en 2018 cuando huía de la contienda. Era el mismo militante que solía clamar ufano ante los rehenes que su principal objetivo en Siria era buscar “el martirio”.

El Mundo

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