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Cómo descolonizar las historias sobre mujeres en el periodismo: 8 consejos de Luciana Peker y Amanda Meza

Las periodistas Luciana Peker (Argentina) y Amanda Meza (Perú) conversaron sobre cómo construir narrativas sobre mujeres y sus luchas sociales alejadas de la mirada colonial.
Foto: Unsplash

Por Kirvin Larios @Kirvinjohan

Las luchas y logros recientes del movimiento feminista en Latinoamérica hacen que hoy los países del norte y europeos tengan mucho que aprender del sur global. Así lo afirma la argentina Luciana Peker, periodista experta en perspectiva de género que hizo parte del seminario web ‘Claves para descolonizar las narrativas sobre mujeres y sus luchas sociales’, realizado en conjunto con la periodista peruana Amanda Meza, editora de Wayka y ex editora general y jefa de informaciones en Diario 16.

En el evento, quinto y último del ciclo virtual ‘Escenarios posibles para un periodismo diverso e inclusivo’, las periodistas con décadas trayectoria reflexionaron acerca de la importancia de descolonizar los relatos periodísticos y del compromiso con las realidades que han sido borradas en los enfoques tradicionales de los medios de comunicación. ¿Por qué es necesario escuchar más testimonios, darle más tiempo a los trabajos e incluso atreverse a contar sin pedirle “una excelencia absolutamente purista” —en palabras de Peker— a otros medios?

En un continente que es epicentro de diversos cambios en las políticas públicas y en el reconocimiento del liderazgo femenino, el periodismo juega un papel crucial. La cobertura de temas como el aborto ha supuesto algunos cambios de paradigmas, pero todavía queda mucho por recorrer en medio del auge de los llamados discursos de odio, que ven como una amenaza el quiebre de las viejas estructuras y, amparados por instituciones del Estado, se oponen a leyes que protegen los derechos humanos.

Consejos

1. Entender lo que hace la colonización, en especial con las mujeres

En periodismo, lo colonial tiene que ver con una mirada desde la que contamos historias, pero también con estructuras y formas de pensar que nos trascienden y que muchas veces damos por sentado. Se trata de un discurso dominante.

Lo que hace la colonización, explica Amanda Meza, es insistir en mecanismos de exclusión, que no dan cabida a las voces que siempre han estado ahí: las de la diversidad sexual, las de las mujeres y sus derechos sexuales y reproductivos, las de los pueblos indígenas, las de las personas migrantes. “El periodismo, como actor político y de poder sobre las narrativas, tiene que plantearse sus propios desafíos”, dice Meza. Descolonizarse, por esto, es lo principal, tomando “las historias y el valor que tienen las personas en sus diferencias geográficas, de formas de vida”, y entendiendo que las mujeres han sido las más afectadas por este sistema y que la invisibilización opera distinto, también para ellas, en los pueblos indígenas.

Según Luciana Peker, la colonización “puede ser dueña del poder político, de las dictaduras militares, de los gobiernos democráticos, del sistema de salud o del sistema internacional”. Desde ese dominio, pueden anular las leyes a favor de la mujer o negar sus deseos de tener o no tener hijos. Así lo ejemplifica un caso citado por Amanda Meza de Perú, donde se obligó a mujeres campesinas a ligarse las trompas en programas de esterilización forzada del gobierno. La decisión apuntaba a una “lógica perversa”: la idea de que “la pobreza se acaba exterminando a los pobres”.

“Esa es la mirada colonial, la mirada que invade, que utiliza estos cuerpos, no como sujetos de poder sino como cualquier cosa que la beneficie”, explica Amanda.

2. Escuchar testimonios y tomarse el tiempo en cada historia

En el caso de las esterilizaciones forzadas en Perú, el periodismo, al recoger voces y sumar testimonios, pudo ayudar a hacer visible desigualdades desde las que se comenzó a analizar “una política nacional totalmente racista”, sostiene Amanda Meza. Ello se logró no con un periodismo tradicional sino uno “enfocado hacia los derechos humanos”.

Otro asunto necesario, según Lucina Peker “difícil de tolerar” para los periodistas, es el silencio. Hay mujeres a las que les cuesta hablar más que otras, entonces hacen falta entrevistas, investigaciones más duraderas. Hoy, “más que mucha tecnología”, es necesario “más tiempo, silencio y paciencia, lo que más nos cuesta”.

“Hay que sacar más tiempo para contar esas historias que realmente queremos contar y no podemos en los medios donde trabajamos”, dice Amanda, consciente de que en los medios y empresas periodísticas, al fin y al cabo “capitalistas” y con un “sentido colonial”, se vetan ciertos temas.

Luciana observa en este punto “otro desafío: la sobreexplotación por querer contar buenas historias”. A esa pasión, dice, es necesario añadir condiciones de igualdad laboral para no terminar sobreexplotadas.

3. El compromiso no recae solo en Latinoamérica: que Europa también escuche

El relato que proponen las redes sociales y las plataformas de streaming es eurocéntrico y norteamericanocéntrico, según Peker. Se habla poco acerca del movimiento Me Too, surgido en 2017 en Estados Unidos y extendido a Europa; pero mucho menos de lo que sucede en Latinoamérica, a pesar de que las denuncias de abuso sexual empezaron con fuerza en este continente con el movimiento Ni una menos en 2015. “Se dan muchas luchas sintonizadas en América Latina. Entonces un principio que me parece importante es que Europa, para descolonizar, escuche”, subraya Peker.

“Europa central quiere contarte sus virtudes para que vos aprendas y no quieren aprender de América Latina. Creo que ahí hay un desafío puntual. Las restricciones y el retroceso de las leyes de aborto en Estados Unidos generan que hoy, por primera vez, el norte tenga que aprender del sur”, dice Peker.

4. El apoyo de las audiencias es vital

Contrario a lo que dictan las grandes plataformas, las voces de las periodistas latinoamericanas se escuchan, se leen y difunden a través de libros, pódcast, radio y piezas en redes sociales. “Es importante que las audiencias apoyen las notas que cuentan las mujeres”, especialmente porque son las “más silenciadas”, afirma Luciana.

5. Ensayar nuevos enfoques en temas conocidos

En temas como la migración, que abarca muchas décadas y países del continente y el mundo, el tratamiento suele ser siempre el mismo, orientado a aspectos como la criminalidad o la prostitución desde visiones que reafirman estereotipos y estigmatizan. Ante esto, Amanda propone profundizar, por ejemplo, en detalles desconocidos del trabajo sexual, la trata de personas y el trabajo sexual forzado al que se dedican parte de las mujeres migrantes. “Solo se está viendo el mismo lado de la migración, y no sé ahonda todavía en las historias de las mujeres con su particularidad, de cómo han llegado allí y todo lo que tienen que afrontar”, dice.

Además, una mirada distinta y anticolonial en el periodismo (“que nació también en la colonia”) implica la interseccionalidad: reconocer diferentes desigualdades por color de piel, clase, sexo, género o procedencia. “Durante toda esta colonia y por nuestros países se han invisibilizado muchos derechos, voces y cuerpos”, subraya Amanda.

6. No saber es un punto de partida para indagar

No saberlo todo antes de las investigaciones periodísticas es una razón para indagar e ir por más. “Hay que partir del punto del no sé: si no sé tengo que aprender, escuchar, salir”, dice Amanda.

Luciana agrega que lo esencial para un enfoque anticolonial es “bajarse de la soberbia para poder escuchar”.

“La principal característica, negativa a veces, de los periodistas es la soberbia y el egocentrismo, creer que sabemos todo. Pero no, no lo sabemos. Hay que bajarse de esa nube y hay que consultar y preguntar”, recalca Meza.

7. La perspectiva feminista no es un dogma, es libertad

Otro reto para la propuesta anticolonial consiste en que el periodismo con perspectiva feminista no se convierta en dogmático. Aunque hoy “pensamos todo el tiempo si algo está bien o mal”, Luciana Peker ve necesarios una escritura y trabajos periodísticos conscientes de las transformaciones sociales, bien elaborados, enfocados en no reproducir violencias, pero que eso no signifique nunca censurarse.

Es importante que cada periodista cuente la historia que quiera usando las herramientas periodísticas a su alcance, “pero que la perspectiva feminista no implique represión a la hora de contarnos, pues se genera un monopolio de quienes tienen la palabra”. De esto se deriva que las mujeres que hacen periodismo han sido más criticadas por colegas o gente afín a su oficio que por otras personas.

“Hay que tener más libertad hoy, contarlo de la manera que te parezca; luego a mi me parecerá mejor o peor, pero no nos reprimamos al escribir”, recomienda.

8. Trabajar en conjunto y contar las historias de todas

En el caso de las mujeres racializadas, Amanda y Luciana plantean algunas alternativas para trabajar en conjunto entendiendo la formas particulares de comunicarse, promoviendo la participación o coparticipación y convocando a periodistas de distintas voces o grupos. Al incorporar columnistas o realizar talleres de periodismo ciudadano, se puede incluir, respetar o amplificar los espacios periodísticos para hacerlos más abiertos, inclusivos, diversos.

En ese entorno Amanda no considera que unas mujeres vayan por un lado y otras por otro. Por su parte Luciana, en un contexto con diferencias estructurales y económicas, donde hay quienes están colonizados y quienes todavía ejercen el lugar de la colonia, dice que “el proyecto superador es que las mujeres racializadas tengan su voz, que puedan ser incluidas en la educación” y demás proyectos de igualdad social.

Al mismo tiempo considera que quienes sean conscientes de la situación tienen que “abrir el micrófono, las grabadoras, las máquinas de escribir y las computadoras” para contar las historias de las otras.

“El mundo está cada vez más agresivo, racista y machista con las mujeres, y sobre todo con las mujeres más empobrecidas. En ese sentido sí creo que tenemos que contar sus historias y que no hay que pedirles permisos a los medios más feministas, ni una excelencia absolutamente purista” mientras “los medios más racistas y machistas generan discursos de odio cada vez peores”, dice.

Fundación GABO

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