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El periodismo rural en Latinoamérica, ¿una herramienta educativa?

por JORGE RODRÍGUEZ

La modernidad provoca que nuestras miradas estén fijas en los centros urbanos, las capitales y las ciudades más grandes, porque es ahí, en teoría, en donde sucede todo lo importante de la vida. Pero ¿qué pasa en las zonas rurales, lugares de donde proviene toda la materia prima y alimentos de los que dependemos? ¿Cómo es la tecnología que tienen a su alcance? ¿Cómo es el traslado de conocimiento? ¿Qué pasa con las tradiciones?

El periodismo como concepto está claro: “Profesión que comprende el conjunto de actividades relacionadas con la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público a través de la prensa, la radio o la televisión”. Pero debemos preguntarnos, ¿su aplicación es la misma para todas las regiones geográficas del globo?

En Latinoamérica, en donde las diferencias entre las poblaciones rurales y las urbanas son bastante significativas, el periodismo puede jugar en algunos territorios un rol poco usual para lo que estamos acostumbrados.

“En Colombia, como en el resto de Latinoamérica, las zonas rurales son los últimos lugares a donde llega la tecnología y todos los demás avances. Todo está centralizado en las grandes urbes”, dice Natalia Fernández Hormiga, coordinadora de la Revista Unidad Alvaro Ulcué. Por eso, cuando en estas regiones alejadas de los centros urbanos logran tener un medio de comunicación propio, este pasa a ser parte del esfuerzo de las poblaciones rurales para salir de la oscuridad informativa.

En la región del Cauca, en Colombia, durante la década de 1970, surgió el primer periódico indígena del país, y posiblemente de toda la región, que pasó a ser “un registro de todo lo que sucedía en los movimientos de resistencia”. “Se transmitían análisis sobre las leyes que había en ese momento y que afectaban la convivencia de los pueblos indígenas, pero a la vez se convierte, de cierta manera, en un medio educativo para la gente”, explicó Fernández Hormiga.

Reivindicación y recuperación cultural

Todos sabemos que los medios de comunicación son un vehículo eficaz cuando se trata de transmitir mensajes de interés común. Por ello, no es extraño ver cómo en lugares como el Cauca colombiano, o la Moskitia hondureña, por ejemplo, los periódicos, revistas o programas de radio no solo desempeñan el rol informativo, sino que ayudan a fortalecer la cultura y las tradiciones locales.

La Moskitia es una zona natural de más de 3.700 kilómetros cuadrados, y guarda la mayor cantidad de biodiversidad de todo Honduras. Yuam Pravia, periodista de origen miskito, formó parte de un proyecto que tenía por objetivo informar acerca de iniciativas socio-ambientales a favor de esta región caribeña del país.

Esta experiencia le dejó la inquietud de querer producir más contenido para fortalecer los valores culturales de su pueblo. “El pueblo miskito tiene muchas carencias, y he visto que a través del periodismo se puede ayudar a la gente a reconocerse así misma con información que probablemente desconoce”, mencionó.

Ambas periodistas coinciden en el hecho que los contenidos en los idiomas nativos de los territorios permiten que el mensaje sea más efectivo, así como el alcance y el interés de parte de las audiencias. “Es una forma de reivindicar nuestro sentido más propio, porque ha sido una estrategia geopolítica de nuestros gobiernos suprimir estas lenguas propias. Lo que hacemos (para revertir eso) es tomar nuestros idiomas y ponerlos dentro del medio de comunicación”, añadió Fernández Hormiga.

La visión comunitaria ante las carencias tecnológicas

El modelo centralizado de la gran mayoría de países en Latinoamérica se presenta como una de las grandes barreras para el desarrollo de las zonas rurales de la región. Solamente cuatro de cada 10 habitantes rurales latinoamericanos tiene opciones de conectividad, en comparación con el 71% de las zonas urbanas, según el informe “Conectividad Rural en América Latina y el Caribe – Un puente al desarrollo sostenible en tiempos de pandemia”, presentado en 2020 por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Microsoft.

Otro factor a tomar en cuenta es la falta de infraestructura (servicios básicos como agua, electricidad, telecomunicaciones y carreteras), que tiene un impacto directo en la capacidad de las poblaciones rurales para generar espacios de desarrollo económico, social, político, educativo y de salud.

Aunque estos indicadores muestran lo duro de la ruralidad latinoamericana, eso no significa que no existan oportunidades para crear nuevos contenidos para nuevas audiencias, particularmente a través de las redes sociales. En el caso de Pravia, ella ha probado una serie de canales como Facebook, blogs, YouTube y Twitter en los que el objetivo principal siempre es el de visibilizar la realidad de su región.

“La idea siempre ha sido la de hacer promoción cultural en base a las historias de mis abuelas y abuelos”, dijo. Su próximo paso ahora es explorar TikTok y hacerlo solamente en idioma miskito, “y tal vez un resumen muy puntual en español”.

Mediante esa visión comunitaria del pueblo para el pueblo, el periodismo rural no se enfoca solo en reportar el día a día, sino en crear espacios de diálogo, al igual que las dinámicas de una aldea, un caserío o un municipio, en donde cada uno tenga la oportunidad de expresar su sentir, y así tratar de encontrar soluciones para el bien común.

En esa línea, la visión en el Cauca pasa por traspasar conocimientos a una nueva generación de periodistas, siempre bajo el manto de la identidad de los pueblos. “Creamos una escuela en la que estamos llegando nuevos comunicadores y comunicadoras indígenas y nos basamos en la línea del fortalecimiento cultural para determinar cuáles son los elementos importantes para nosotros, cuáles son esos temas que nos interesa trabajar e investigar”, comentó Fernández Hormiga.

La forma de investigar es también importante para los pueblos indígenas. Mientras que el periodismo tradicional está acostumbrado a lidiar con fuentes de una manera impersonal, en el caso de los pueblos indígenas esto es completamente diferente.

“En los territorios, las dinámicas son distintas. No somos nosotros quienes decimos cómo se debe de hacer una entrevista, sino son los propios líderes de los territorios los que deciden en qué tiempo y momento es que se puede hacer. Es todo un proceso de aprendizaje”, dijo Fernández Hormiga.

Para los grandes medios tradicionales, con una visión urbana y un modelo empresarial y lucrativo, todo esto puede sonar muy raro y, hasta cierto punto, nada beneficioso para el negocio. Sin embargo, aunque los periodistas rurales no buscarán nunca imponer sus hábitos y formas de actuar, intentan una manera de integrar ambas maneras podría ser de beneficio para el periodismo en general, particularmente en los países latinoamericanos en donde hay grandes poblaciones rurales olvidadas, pero con muchas historias por contar.

IJNET

 

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