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La libertad de expresión no debería ser de valientes

Soy estudiante de Relaciones Internacionales. Soy muy soñadora para los realistas y muy realista para los soñadores, pero todos estamos de acuerdo en que la defensa de la vida, la libertad y la dignidad humana es clave para poder lograr el cambio que todos queremos para nuestra Guatemala y para nuestro mundo ¡Cobardes! Así es como nos ven.

Aparte de la limitada financiación, pocos espacios de participación, y ser infravalorados por nuestra corta edad y experiencia, muchos jóvenes enfrentamos la censura por diferentes frentes. Primero, puede decirse que, por el sistema de partidos políticos, que no incluye las necesidades de los jóvenes o sus propuestas en las campañas. Segundo, por ideologías que promueven la “cultura de cancelación”, mediante la cual hipócritamente dicen defender la libertad de expresión, pero únicamente si esas opiniones son a favor de ellas. Tercero, por las mismas personas que nos hacen de menos porque “estamos muy patojos para saber”, o porque “los tiempos de antes eran otros”.

Efectivamente, son otros tiempos. Hoy hay dos tipos de jóvenes: los que somos ingenuos soñadores que nos involucramos y esperamos un mejor futuro para las generaciones siguientes, y, por otro lado, los que ya se resignaron a vivir en el tercermundismo, e incluso desean no haber nacido. Pero los primeros vienen con todo.

En ese grupo hay jóvenes que tienen un propósito. Jóvenes que mayoritariamente tienen un pensamiento crítico cada vez más desarrollado, que no desperdician cualquier oportunidad en la que pueden aprender y expresarse. Jóvenes que están dispuestos a comenzar ese cambio. Porque si no son ellos, entonces, ¿quién?

Lastimosamente, siempre hay un villano. En esta ocasión lo personifiqué de las tres formas que expliqué anteriormente. Abarcando los partidos políticos tocamos un tema muy importante que es la representatividad. Actualmente, hay más de 40 partidos políticos… ¡Es una exageración!

¿Cómo esperan que nos pongamos al día de todos, para al final darnos cuenta que simplemente son partidos que han nacido de otros para cumplir algún interés personal? Si no nos sentimos representados en algo, nos desmotivamos, y si nos desmotivamos, no participamos. Esto crea una especie de bucle que nos deja en la misma posición de un país con un gran sector de la población que no se involucra. Incluso me atrevo a decir que la desmotivación también viene por la falta de transparencia en cualquier proceso político, así como por las amenazas que una persona o su familia pueden recibir por defender una postura o, simplemente, por luchar con la armadura de la transparencia.

Luego, las ideologías son peligrosas, al ser a veces los únicos espacios políticos en los que algunos jóvenes pueden expresar sus opiniones. Se ven tan necesitados de ser escuchados y valorados, que fácilmente pueden caer en las falacias sentimentalistas de muchas ideologías, en las que les dan espacio, pero solo si son del mismo bando, porque, de lo contrario, viene una terrible censura. Me da cólera incluso decir que hay quienes tienen la inmadurez de no separar a una persona de sus ideas, y tratan diferente a un amigo por el simple hecho de defender causas distintas. Es absurdo.

Por obstáculos así es que muchos jóvenes somos “valientes” cuando protegemos nuestra postura con argumentos objetivos. A veces solo opinando ya somos “valientes”. Pero no debería de ser así. No deberíamos ser “valientes” por apoyar la libertad de expresión, independientemente de la posición que tengamos.

A todos los líderes que buscan hacer un cambio: animemos a los demás, aunque piensen diferente a nosotros. Tenemos redes sociales, grupos de amigos… aprovechemos todos los recursos que tengamos. ¿Por qué esperar a que alguien más inicie el cambio mañana, cuando lo podemos hacer nosotros desde hoy?

La Hora

 

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